13.3.11

Creación de la Forma Urbana

Al hilo de lo planteado ayer por Joao Maria Trindade, incluyo un extracto del "Tomo 0 Introducción" de la colección ARQUITECTURA DE MADRID, 2003 Fundación COAM.

Ortofoto 2007 vs Foto Aérea 1946. www.madrid.org/cartografia/planea

“Casi de forma paralela a la construcción del Ensanche, a la ocupación del territorio definido a tal fin, comenzaron a aparecer fuera del perímetro del mismo iniciales concentraciones de población que iban a constituirse en el germen de lo que hoy días son los llamados barrios de Cuatro Caminos, Bellas Vistas, El Carmen, L Prosperidad, Guindalera, Fuente del Berro, Opañel, San Isidro Goya, dentro del antiguo término municipal de Madrid.
Para comprender el origen de estas barriadas, hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XIX, cuando comenzarán a aparecer los primeros brotes de un numeroso grupo de arrabales localizados fuera de los límites ya establecidos para el Ensanche. Fernández de los Ríos mencionaba ya la existencia de algunos de estos núcleos, primeras formaciones urbanas que se caracterizaban por un contenido sociológico equivalente a una población de muy bajo poder adquisitivo. Las periferias se constituyeron, en este sentido, como una respuesta clara a las condiciones de accesos y ocupación de las zonas de Ensanche.
La actividad constructiva en la periferia, llegó a alcanzar una ritmo mayor que en el Casco y que en el Ensanche, como lo demuestra el número de licencias que se concedieron en Madrid durante los años 1913, 1914 y 1915, las cuales ascendían a 1.570 para el  Casco Antiguo, 2.461 para el Ensanche y 5.680 para el extrarradio.
Estas periferias llegaron a convertirse en los focos de crecimiento de la ciudad de Madrid y las vías de comunicación entre esta y aquellas en ejes direccionales para el mismo, hecho evidente con tan sólo observar en un plano actual de la ciudad las principales vías que la estructuran: Bravo Murillo (Francia), Alcalá (Aragón), Ciudad de Barcelona–Albufera (Valencia), Toledo, Extremadura, etc.
Para comprender cómo se configuraron estas periferias, teniendo en cuenta el origen rural del suelo sobre el que se asentaron, es decir, cómo se transformó un parcelario rural en un parcelario urbano, se pueden tomar como base las conclusiones expuestas por el geógrafo Rafael Mas (Los orígenes de la propiedad inmobiliaria en el extrarradio norte de Madrid, 1.978). El estudio está referido al extrarradio norte (Cuatro Caminos, Bellas Vistas, Prosperidad y Guindalera), pero es lo suficientemente significativo como para entender el por qué de todas estas formaciones. Este espacio, apenas ocupado en 1860, llegó a albergar unos 40.000 habitantes en 1915, lo que significa el 13,7% del crecimiento demográfico de Madrid durante el periodo citado.
En dicho año 1860, la parcelación de este territorio se correspondía con la propia de un espacio rural, en la que sólo se producirían algunas variaciones en el mismo, como consecuencia del paso por él del Canal de Isabel II. Al mismo tiempo, caminos o carreteras, como la de Francia, Aragón, el camino de Chamartín, Hortaleza y Canillas, atravesaban este amplio sector. Una de sus características originales era la excesiva división de la propiedad, acompañada, paralelamente, de una concentración de la misma, pues como señala Mas, un 72,4% de las fincas eran menores de 2ha, estando en posesión de sólo ocho propietarios casi la mitad de ellas, propietarios que, a su vez, disponían también de otras en los alrededores de Madrid.
Estos terratenientes, por otra parte, y concretamente los cinco más importantes durante el periodo 1865-1866, lo eran igualmente de terrenos localizados en el Ensanche por lo tanto, de un suelo calificado como urbano. En sus manos estaba la posibilidad de retener un suelo u otro, condicionando, de esta forma el desarrollo de uno u otro sector.
Disponer de un suelo no calificado como urbano significaba que éste no estaba sometido a ningún tipo de normas jurídicas, desarrollándose un mercado fuera de las limitaciones o imposiciones de un intercambio establecido de forma oficial. Los precios del suelo del extrarradio podían elevarse a voluntad de sus propietarios, incremento que se acentuaba si iba acompañado de operaciones de retención de suelo en el territorio del Ensanche.
Mas establece tres formas para parcelar la propiedad inmobiliaria en el extrarradio de Madrid.
       Parcelación simple de fincas, promovida por los propietarios (campesinos acomodados).
       Parcelación de las fincas a cargo de los llamados parceladores, es decir, por parte de individuos que compraban a varios propietarios, desarrollándose un proceso de concentración de la propiedad rústica. Recordemos que se trataba de fincas de pequeña superficie.
       Retención de grandes fincas, las mayores existentes, hasta muy entrado en S.XX, para su posterior parcelación.
Los denominados parceladores, a la hora de dividir la propiedad concentrada, lo hacían de tal manera que resultase la mayor parte de la superficie para edificar, es decir, dejando el mínimo para espacios libres. Las calles resultantes se constituían, más como accesos estrictos que como elementos espaciales aptos para desarrollar prácticas colectivas. Ni que decir tiene que aquellos otros elementos urbanos, como plazas públicas o espacios libres en general, eran conscientemente olvidados por estos parceladores, para quienes el suelo que poseían tenía que convertirse en un puro objeto intercambiable por dinero, en una mercancía.
Los propietarios, generalmente, parcelaban su finca sin tener en cuenta lo que hiciese, más tarde, el que poseía el suelo contiguo a la misma. Dicha parcelación se articulaba en base, por ejemplo, a un camino existente, ofreciendo las parcelas resultantes un frente a dicha calle, y coincidiendo su fondo con los límites de la finca sometida a división. En otras ocasiones, cuando no existía tal camino, se creaba una calle intermedia, dándose incluso el caso de cooperación entre varios propietarios para acordar un plano común. En este último caso, dicho plano era encargado a un agrimensor, quien procedía a la definición de las manzanas ortogonales y así fue, por ejemplo, como se definió la actual barriada de la Guindalera.
Estas periferias, consolidadas a partir de la transformación de suelo rústico en urbano, culminaron su proceso de construcción y urbanización en el periodo 1910-1915, momento a partir del cual comenzaron a protagonizar una serie de reformas y mejoras. Piénsese que el proceso de su formación consistía, de forma general, en la puesta en marcha de una parcelación para, más tarde, edificar sobre las parcelas así formadas, produciéndose, muchos años después, el fenómeno específico de su urbanización, entendiendo esta como la realización práctica de las infraestructuras necesarias que deberían acompañar a todo desarrollo urbano (pavimentado, alcantarillado, luces,…). Pues bien, llegados a ese periodo, que culmina como se ha dicho hacia 1915, comenzaron a hacerse realidad las presiones populares encaminadas a posibilitar ese proceso de urbanización.
Por lo que respecta al barrio de Cuatro Caminos, y tal y como lo relata Eduardo Martínez de Pisón, en 1903 se produjo una petición de empedrado de la calle Bravo Murillo, autorizándose la misma hasta Tetuán en 1913. Por la misma época se ampliaba y reformaba la calle de Los Artistas, así como las de Almansa y Tiziano, también en el mismo barrio. Estos hechos coinciden, además, con los años en que se llevaron a cabo en el extrarradio un mayor número de construcciones, culminando, de esta forma, el proceso total de consolidación de una forma de crecimiento, periférico que sólo conocía, hasta entonces, lo que da de si una parcelación y una edificación, prácticas definidoras exclusivamente consideradas de su génesis formativa."

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